Author: Xabi Otero
•1:52 PM
Y tras el mito, viene su interpretación. Y como sabemos, cada interpretación es diferente, por lo que voy a escribir lo que a mí me ha venido a la cabeza a medida que iba leyendo este interesante relato.

En primer lugar, cabe resaltar la similitud de este relato con la Odisea de Homero. En ambos casos, deciden emprender un sencillo viaje que acaba tornándose largo y complicado debido a la desobediencia o rebeldía hacia los dioses. En el mito irlandés, la desobediencia es hacia los druidas, pero al ser éstos representantes del ser supremo, viene a ser lo mismo. El viaje estará lleno de penurias en los dos relatos, arribando a lugares de características un tanto extrañas (si en esta historia nos hallábamos con caballos gigantes, con herreros asesinos, etc., en la Odisea nos hallábamos con cíclopes, Escila y Caribdis, etc.).

La similitud es evidente, lo cual debe ser motivo de reflexión. ¿Es posible que una copiara a la otra? Quizás sí, pero yo me inclino más a pensar que todo ello proviene de sociedades primarias en las que todos los fenómenos naturales eran explicados por fenómenos sobrenaturales. Es por ello que la sociedad estaba atemorizada y trataba de adorar a quienes regían todos los elementos naturales y que, por tanto, podían acabar con sus vidas cuando así lo decidieran. Por tanto, puede que no sea más que una mera coincidencia (probablemente en otras culturas también existan relatos similares; al fin y al cabo, en aquella época, los periplos dirigidos a explorar el mundo y el respeto hacia los dioses se repiten en multitud de culturas), o puede que todos los relatos de este tipo provengan de un mito original del que cada civilización ha hecho su propia versión (entre estos dos relatos, me parece que la Odisea es más antigua). Si alguien sabe algo sobre el tema, estaría bien que lo comentara.

Otro elemento que me ha llamado la atención está en relación con los geis. Recordemos que estos obligaban a Máel Dúin a llevar 17 tripulantes, pero él terminó por llevar a 20 al incluir en el barco a sus 3 hermanastros. Fruto de esa desobediencia de los geis, el sencillo viaje se convertirá posteriormente en una sucesión de fatídicas aventuras en las que sus vidas correrán peligro. Lo que más me ha sorprendido, personalmente, es comprobar como el momento del relato en que el terrible periplo va llegando a su fin es cuando los 3 tripulantes extra que Máel Dúin había llevado consigo (sus hermanastros) quedan abandonados en diversas islas para siempre. Sin duda, es un recordatorio a la población civil de lo importante que es acatar las normas impuestas por las diferentes divinidades.

Por otra parte, el ermitaño que aparece al final del relato menciona el número siete repetidas veces. Es un número claramente simbólico para esta civilización, pues simbolizaba las siete notas musicales, los colores del arcoiris, los cuerpos celestes del Sistema Solar (conocidos por entonces, por supuesto), los modos musicales...  La importancia de las notas y los modos musicales me hace pensar en la influencia de los griegos, por lo que la inspiración en la Odisea para la creación de este relato cobra fuerza en este momento. En cualquier caso, para los celtas, los siete sonidos de la escala musical se asociaban a los siete puntos energéticos del ser humano (los chakras) que los druidas denominaban Pacris (para más información, podéis investigar la página web que indico en el apartado de fuentes). En consecuencia, este número tampoco ha sido elegido arbitrariamente, sino que posee todo un trasfondo cultural que es interesante analizar.

Y nada más, si alguien tiene interpretaciones diferentes, son bienvenidas en los comentarios. Es así como una historia mítica se enriquece.


Fuentes: http://elretornodelawen.com/2012/04/30/95/
Author: Xabi Otero
•12:27 PM
Quizás debido a las sencillas y armónicas proporciones halladas en la música (1:2, 2:3, 3:4), los pitagóricos se sintieron especialmente intrigados por las diferencias entre los números pares e impares. Mientras que asociaron los números impares con los atributos masculinos, además de con la luz y la bondad (algo evidentemente poco inocente), a los números pares les otorgaron atributos femeninos, asociándolos con la oscuridad y la maldad. Algunos de estos prejuicios persistieron durante siglos. Por ejemplo, según la tradición musulmana, el profeta Mahoma comió una cantidad de días impares para poner fin a su ayuno, y las oraciones judías se asocian a un número impar de repeticiones.

Los pitagóricos no sólo asignaron cualidades a los números pares e impares en general, también atribuyeron propiedades especiales a números individuales. Así, se creía que el 1 era el generador de todos los números, y no se consideraba propiamente un número. Además, se creía que caracterizaba la razón. Geométricamente, el número 1 se representaba con el punto, que en sí mismo representaba el generador de todas las dimensiones. El número 2 era el primer número femenino, y también el número de la opinión y de la división. Sentimientos parecidos se expresan con el yin y el yang en la cosmología religiosa china, donde el yin representa el principio femenino y negativo, como la pasividad y la oscuridad, y el yang el principio masculino y luminoso. Aún hoy en día, en muchas lenguas, el número 2 se relaciona con la hipocresía y la desconfianza, como puede verse en expresiones como "doble" (= falso) en iraní, o "de doble lengua" en alemán o árabe. La identificación del número 2 con lo femenino y del 3 con lo masculino podría tener su origen en las configuraciones de los pechos femeninos y los genitales masculinos. Esta conclusión provisional se apoya en el hecho de que los Konso, de África Oriental, lo identificaban de este modo. En la vida diaria la división en dos categorías resulta de lo más común: bueno y malo, arriba y abajo, derecha e izquierda. Geométricamente, el 2 se expresaba con la línea (determinada por dos puntos) de una dimensión. Se consideraba al tres como el primer número masculino real y el número de la armonía, ya que combinaba la unidad del 1 y la división del 2. Para los pitagóricos, el 3 era, de algún modo, el primer número real porque tenía un principio, un medio y un final. La expresión geométrica del 3 era el triángulo, ya que tres puntos que no estén en la misma línea determinan un triángulo; además, el área del triángulo tiene dos dimensiones.

El número 4 era el número de la justicia y el orden. En la superficie de la Tierra los cuatro vientos o direcciones bastaban a los humanos para orientarse e identificar las coordenadas en el espacio. Geométricamente, cuatro puntos que no están en el mismo plano puede formar un tetraedro (una pirámide con cuatro caras triangulares), con un volumen en tres dimensiones. Los pitagóricos también consideraban que el número 4 tenía un estatus especial por otro motivo: su actitud hacia el número 10 o el sagrado tetractys. El 10 era el número más reverenciado porque representaba el universo en su conjunto. El hecho de que 1+2+3+4=10 generó una relación muy cercana entre el 10 y el 4. A su vez, esta relación indicaba que 10 no sólo unía los números que representaban todas las dimensiones, sino que además combinaba todas sus propiedades, a saber, lo único del 1, la polaridad del 2, la armonía del 3 y el espacio y la mteria del 4. Por tanto, el diez era el número de todas las cosas, con las propiedades que el pitagórico Filolao expresó tan acertadamente hacia el 400 a.C.: "sublime, poderoso, creador de todo, el principio y la guía de lo divino por lo que se refiere a la vida sobre la Tierra".

El número 6 era el primer número perfecto, así como el número de la creación. El adjetivo perfecto se otorgaba a los números que eran precisamente iguales a la suma de todos los números menores por los que se podía dividir, como por ejemplo, 6=1+2+3. El siguiente número que cumple estas condiciones es el 28=1+2+4+7+14, seguido del 496=1+2+4+8+16+31+62+124+248; el siguiente número perfecto contiene ya treinta y siete dígitos. El filósofo helenístico judío Filo Judás de Alejandría, cuya obra enlazaba la filosofía griega con las escrituras hebreas, sugirió que Dios creó el mundo en seis días porque seis era un número perfecto. San Agustín, coincidió con éste en su obra La ciudad de Dios: "Seis es en sí mismo un número perfecto, y no porque Dios creara el mundo en seis días; más bien al contrario: Dios creó el mundo en seis días porque ese número perfecto, y lo seguiría siendo aunque la obra en seis días no existiera". Algunos comentaristas de la Biblia también consideraron al 28 como un número básico del Arquitecto supremo, señalando los 28 días del ciclo lunar. La fascinación por los números perfectos penetró incluso en el judaísmo. El rabino Yosef ben Yehudah Aknin realizó un estidio en defensa de ellos en el libro del siglo XII, la Sanación de las almas.

Por último, el cinco nos lleva a los orígenes de la Proporción Áurea. El cinco representaba la unió del primer número femenino, 2, con el primer número masculino, 3 y es el número del amor y el matrimonio. Parece ser que los pitagóricos utilizaban el pentagrama (la estrella de 5 puntas) como símbolo de su hermandad, y la denominaban "Salud".
Author: Xabi Otero
•7:27 PM
Tradicionalmente, se conoce a Pitágoras como el descubridor de las notas armónicas de la escala musical, ya que descubrió los intervalos musicales y el tono de las notas correspondían a las longitudes relativas de las cuerdas vibrantes. Observó que al dividir una cuerda en enteros consecutivos, se producían (hasta un cierto punto) intervalos (consonantes) armoniosos y agradables. Cuando dos notas musicales arbitrarias suenan juntas, normalmente el sonido resultante es áspero (disonante) a nuestro oído. Tan sólo unas pocas combinaciones producen sonidos agradables. Pitágoras descubrió que estas extrañas consonancias se obtienen cuando las notas se producen por unas cuerdas similares cuyas longitudes se dan en una proporción dada por escasos primeros números enteros. Se obtiene el unísono cuando las cuerdas son de igual longitud (una proporción de 1:1); la octava se obtiene por una proporción de 1:2 de las longitudes; la quinta por 2:3 y la cuarta por 3:4. En otras palabras, se puede puntear una cuerda y hacer sonar una nota. Si se puntea una cuerda igual de tensa que tenga la mitad de su longitud, se oirá una nota que es precisamente una octava armónica por encima de la primera. Del mismo modo, 6/5 de una cuerda que da un Do da la nota La, 4/3 de la misma cuerda da Sol, 3/2 da Fa, y así sucesivamente. Estos antiguos y extraordinarios hallazgos formaron la base de un conocimiento más avanzado de los intervalos musicales que se desarrolló en el siglo XVI (en los que, por cierto, Vincenzo Galilei, el padre de Galileo, estaba involucrado). Una maravillosa ilustración de Franchinus Gafurius, que apareció en 1492 como frontispicio de la Theorica Musice, muestra a Pitágoras experimentando con los sonidos de diversos instrumentos, incluyendo martillos, cuerdas, campanas y flautas [os he puesto esta imagen al final de la entrada]. Pero, se preguntaban los pitagóricos, si la armonía musical puede expresarse con números, ¿por qué no todo el cosmos? Por tanto, concluyeron que todos los objetos del universo debían sus características a la naturaleza del número. Por ejemplo, observaciones astronómicas sugieren que los movimientos celestes también son extremadamente regulares y están sujetos a un orden específico. Esto último llevó al concepto de una hermosa "armonía de las esferas" (la idea de que en sus movimientos regulares, los cuerpos celestes también crean música armoniosa). El filósofo Porfirio, que escribió más de setenta obras que trataban sobre historia, metafísica y literatura, también escribio una breve biografía de Pitágoras titulada Vida de Pitágoras en donde comentaba: "él mismo podía oír la armonía del Universo y comprender la música de las esferas, y las estrellas que se mueven en concierto con ellas, y que nosotros no podemos oír por las limitaciones de nuestra débil naturaleza". Tras enumerar otras exquisitas cualidades de Pitágoras, Porfirio añade: "Pitágoras afirmó que las Nueve Musas estaban formadas por los sonidos de los siete planetas, la esfera de las estrellas fijas, y por aquella que se opone a nuestra tierra, denominada la "contra-tierra" (esta última, según la teoría pitagórica del universo, da vueltas en oposición a la Tierra alrededor de un fuego central). El concepto de la armonía de las esferas fue de nuevo desarrollado, más de veinte siglos después, por el famoso astrónomo Johannes Kepler. Al ser testigo durante su propia vida de mucha agonía y de los horrores de la guerra, Kepler concluyó que, en realidad, la Tierra creó dos notas, mi por miseria (miseria en latín) y fa por hambruna (fames en latín). En palabras de Kepler: "la Tierra canta MI FA MI FA para que hasta por la mismísima sílaba puedas deducir que en este nuestro hogar domina la Miseria y la Hambruna".

Author: Xabi Otero
•1:04 PM
Con Aristóteles (184-122 a.C.), y en especial con sus obras De caelo y Meteorologica, se inauguraba una nueva etapa en la Geografía Física. En plena discrepancia con las tesis pitagóricas que entendían la Tierra como un astro, producido por su movimiento circular en torno al centro del día y de la noche, él sostenía la geocentricidad del Universo. A la ecúmene atribuía una forma troncocónica, situada en la parte septentrional de la superficie de la esfera terrestre, y suponía la existencia de otra ecúmene análoga, situada en el hemisferio sur.

Aristóteles intentó explicar los mecanismos de los fenómenos físicos, incluida la habitabilidad de las zonas terrestres, elaborando todo un sistema teórico. Para ello se basó en los cuatro principios antitéticos de sus predecesores (cálido-frío-seco-húmedo), en sus combinaciones binarias. Consideraba que las transformaciones no eran posibles sino a través del pasaje de un elemento inmediatamente próximo. Por ejemplo, no se podía pasar del agua (fría y húmeda) al fuego (cálido y seco) sin la mediación del aire (cálido y húmedo). Todas las transformaciones eran consecuencia del doble movimiento del sol, diario en longitud y anual en latitud, y los cambios de temperatura que suponía dicho movimiento. Sostenía que estos mecanismos afectaban, por ejemplo, al nacimiento de los ríos en las montañas, ya que éstas atraían el agua vaporizada, la enfriaban y una vez concentrada, la devolvían en forma de cursos de agua. Explicaba las mareas como debidas a la acción de los vientos que, de forma variable, se interponían entre el Océano y el sol condicionando los efectos solares sobre las aguas. A la acción de vientos subterráneos achababa los terremotos, en una transposición en el interior de la Tierra de los mismos agentes-principios que se manifestaban en la superficie. En cuanto al hombre, defendía la teoría del influjo ambiental sobre el comportamiento humano: así, los europeos eran "fuertes", mientras que los asiáticos, a causa de los agentes ambientales, eran "débiles". Sumergido en tales investigaciones etiológicas, no muestra apenas interés por la geografía descriptiva.
Author: Xabi Otero
•9:17 PM
Una vez leída la Ilíada, el siguiente paso era leer la Odisea. Parece que estos dos libros siempre se leen uno tras otro y en este orden. Sin embargo, tienen un carácter bien distinto.

En el caso de la Odisea, no es tan lento como la Ilíada, que se hacía pesada en algunos puntos. La Odisea es más aventurero, más dinámico. Es por ello que la mayoría de los lectores muestran una clara preferencia hacia esta segunda obra.

Personalmente, también me incluyo entre los que prefieren la Odisea, ya que incluye muchos más relatos fantasiosos que la Ilíada (al fin y al cabo, ésta narra un hecho real, que es la guerra de Troya). Aun así, debo apuntar que la diferencia entre mi gusto por una y por otra es mínima.

Un aspecto que me ha llamado mucho la atención es el personaje principal, Ulises. Si bien éste es presentado como un héroe, el libro atribuye sus grandes actuaciones a Atenea y Hermes (especialmente la primera, su principal protectora). Por lo tanto, a mí me sugiere pensar que no era tan héroe como parecía, en el supuesto de que interpretemos el texto literariamente. No sé qué pensarían los griegos en aquella época...

Por último, voy a remarcar que estos dos libros los he disfrutado mucho más tras cursar una clase de mitología, en la que dábamos sentido a todos estos relatos fantasiosos que a priori pueden parecen meros relatos fantásticos. Pero no nos engañemos, detrás de esto, cabe buscar la relación de estas historias con las verdaderas características de su sociedad contemporánea.

p.d. Siguiendo con el tema, la próxima crítica literaria será la Eneida.
Author: Xabi Otero
•1:09 PM
Leyendo este pasaje de la Odisea, he descubierto que los dioses griegos masculinos son muy similares a los seres humanos masculinos actuales:

"Preludiaba el cantor bellamente en su lira su canto
del amor de Afrodita, de hermosa diadema, y de Ares
que en la casa de Hefesto a hurtadillas se unieron un día
tras pagar ricamente el amante la infamia del lecho
del señor del hogar [Afrodita era esposa de Hefesto]; mas el Sol fue a contárselo a éste,
pues los vio desde arriba a los dos en amor abrazados.
Cuando Hefesto escuchó su punzante relato, a la fragua
el camino emprendió meditando en el fondo del pecho
mil desastres; montó sobre el banco un gran yunque y a golpes
unas trabas labró sin engarces ni fallas, capaces
de aguantar cualquier fuerza. Tramando el engaño y en ira
contra Ares, el cuarto marchó donde estaba su lecho;
a los pies que sostén le prestaban y todo en redondo
sujetó aquellos lazos, mas otros colgó en la techumbre
cual finísima tela de araña, invisible a los ojos
de las mismas deidades felices, ardid sin parejo.

Viendo ya alrededor de la cama tendido el engaño,
simuló que marchaba hacia Lemnos, la sólida plaza
asentada en la tierra, por él preferida entre todas.
Pero Ares de riendas de oro en despierta vigilia
le observaba y al ver cómo Hefesto, el artífice insigne,
de camino salía, marchó en derechura a sus casas
anhelante de amor por la hermosa Citera [Afrodita]. La diosa
regresaba de ver a su padre, el Cronión [Zeus] poderoso,
y no bien se sentó cuando Ares entró en la morada.

Con la mano tomando su mano le habló de este modo:
Ven al lecho, querida, gocemos en él descansados,
pues Hefesto no está por aquí; no hace mucho que a Lemnos
se marchó a visitar a los sintis de bárbara lengua.

Tal diciendo agradable le hizo el yacer a su lado
y marchando los dos ocuparon el lecho: al instante
se corrieron los lazos que urdiera el ingenio de Hefesto
y no más se pudieron mover ni estirar pie ni mano.
Comprendieron entonces que estaban cogidos y a un tiempo
acercábase a ellos el ínclito cojo [Hefesto], emprendido
el regreso a mitad del camino de Lemnos: su nueva
desventura había oído del Sol, su seguro vigía.
A sus casas tornaba llevando la angustia en el pecho
y paró en el umbral dominado por ira salvaje,
invocando con gritos furiosos a todos los dioses:

Padre Zeus, dioses todos de vida feliz, inmortales,
contemplad estas obras risibles, mas ya intolerables,
cómo, siendo yo cojo, Afrodita, nacida de Zeus,
me deshonra sin tregua en su amor al maléfico Ares
por ser él agraciado y tener buenas piernas. Y es cierto
que lisiado nací, mas la culpa ¿quién otro la tiene
que mi padre y mi madre? ¡Pudieran no haberme engendrado!
Mas veréis a esos dos cómo yacen en junto amorosos
y a mi lecho subidos. ¡Dolor que me toma al mirarlos!

Tardarán, bien de cierto, en poder variar de postura
por amor que se tengan y pronto vendrán a cansarse
uno y otro de estar en la cama, mas no ha de soltarlos
ese ardid y atadura hasta tanto que el padre me vuelva
cuando yo le entregué por la cínica moza, que tiene
hija hermosa, en verdad, pero bien disoluta. Así dijo
y a su hogar de broncíneos portales vinieron los dioses:
llego allí Posidón, el que abraza las tierras, y Hermes
saludable, y el rey que dispara de lejos, Apolo,
porque sólo a las diosas retuvo el pudor en sus casas.

Y de pie en el umbral los eternos dadores de bienes,
una risa sin fin levantóse en sus almas felices
observando las trazas del hábil Hefesto; y alguno
murmuró de este modo mirando al que estaba a su lado.

Las maldades no triunfan y el lento adelanta al ligero:
así Hefesto con ser tan pesado le dio caza a Ares,
que es el dios más veloz del Olimpo; valióse de astucias,
pues es cojo, y el otro le habrá de pagar su adulterio.

De este modo entre sí conservaban los dioses y Apolo
el augusto, nacido de Zeus, hablábale a Hermes:
¡Dime, oh Hermes divino, de bienes dador, mensajero!
¿Tú quisieras también, aún sujeto por trabas tan recias
en sus lechos al lado dormir de Afrodita dorada?

Contestándole dijo, a su vez, el heraldo Argifonte:
¡Ojalá fuera así, flechador rey Apolo, y sujeto
por cadenas tres veces más duras que aquél, y aún a vista
de vosotros los dioses y a un tiempo de todas las diosas
consiguiera yo al lado dormir de Afrodita dorada!"


Como podéis ver, las conversaciones entre ambos dioses, el morbo del cotilleo, infidelidades... está claro que los griegos hicieron sus dioses según su imagen y semejanza (al contrario que la Biblia, que a semejanza de Dios, se creó al ser humano).
Author: Xabi Otero
•12:45 PM
El siguiente libro que he leído es uno de esos tan venerados clásicos, referido a la historia antigua. Como ya es sabido, el libro lo escribió Homero (aunque realmente, se duda de la verdadera existencia de un único autor llamado así, a favor de un grupo de escritores cuyo nombre artístico fue Homero).

También es una característica muy conocida la narración del décimo año de la batalla de Troya, en la que participan aqueos y troyanos, ayudados o no por ciertos dioses.

Últimamente, no encontraba más que gente que decía que el libro era aburrido. Obviamente, tiene partes difíciles de leer, como son los catálogos en los que enuncian guerreros continuamente, sin que el lector pueda saber nada acerca de cada uno de ellos.

Mas no obstante, para mí ha sido salvando estos catálogos un libro muy interesante, pues me parece muy curioso la atribución a dioses de los diferentes episodios de victoria o derrota de cierto bando. Realmente refleja muy bien la mentalidad de la época, concediéndole un toque mitológico que provocó las dudas acerca de la existencia de Troya o de la misma batalla.

Además, los diferentes epítetos o comparaciones realizadas durante el relato resultan ser unas descripciones muy acertadas, comparadas con hechos más cotidianos para ellos, y que seguramente ayudarían a su mejor comprensión.

Sin embargo, yo he podido disfrutar de este libro gracias también a que he recibido clases de mitología griega, que me ha ayudado si duda alguna a rememorar episodios, entender contradicciones con otros autores, comprobar prácticamente el ámbito de actuación de cada dios... Como ya hemos ido comprobando en este blog, la mitología griega da para mucho.
Author: Xabi Otero
•10:08 PM
Deméter recorrió el mundo en busca de su hija desaparecida. Mientras lo hacía, dejó de lado sus obligaciones como diosa del cultivo y la fertilidad. Las cosechas se arruinaron. El pueblo empezó a pasar hambre. No había alumbramientos en ninún lugar del mundo, ni entre las aves ni entre los peces, los insectos, los animales ni los seres humanos. Cada vez menos personas acudían a los templos para adorar a los dioses, y el número de animales que sacrificar en su honor se reducía por momentos. Tal vez fuera la cantidad menguante de sacrificios lo que finalmente obligó a Zeus a ayudar a Deméter, sumado a los sufrimientos de los seres humanos, que clamaban a los dioses del Olimpo para que los ayudaran.

Sin embargo, antes de que Zeus estuviera dispuesto a decirle a Deméter que su hija era ya la reina del mundo subterráneo,antes de que los cultivos se arruinaran por completo, antes de que las súplicas del pueblo a los dioses fueran tan estridentes que alguien tuviera que atenderlas, Deméter llegó a la Casa Real del rey Céleo en Eleusis. El príncipe Demofonte acababa de nacer y a ella la contrataron como niñera. Nadie reconoció a la gran diosa Deméter en aquella mujer que lloraba por la hija que había perdido. Todas las noches, a escondidas, untaba la piel del bebé con ambrosía, el alimento de los dioses, y luego lo colocaba unos instantes entre las llamas de la chimenea. Cuando lo recuperaba, no había señal de herida alguna. Un día, un sirviente asustado le dijo a la reina que la niñera torturaba al bebé. La noche siguiente, la reina corrió a la cocina y allí encontró a la niñera, depositando tranquilamente al bebé en el fuego. La pobre madre, aterrada, gritó y lo rescató, pero las llamas no le habían hecho el menor daño. El pequeño parecía incluso irradiar buena salud. Deméter suspiró ante la necedad humana.Desveló entonces su condición de diosa y explicó que, de haberla dejado sola, habría otorgado al bebé el don de la inmortalidad en las llamas.
Author: Xabi Otero
•11:08 AM
Deméter es una de las diosas de la antigua Grecia de las que menos se sabe. Era la diosa de los cultivos, sobre todo de las cosechas de cereales, y también la responsable de la fertilidad en el mundo. Apenas desempeñaba un papel en las batallas de los hombres mortales y en los enredos sexuales de los dioses del Olimpo.

La hija de Deméter y Zeus se llamó Perséfone. La niña creció hasta convertirse en una hermosa doncella que disfrutaba cogiendo flores en el campo, si bien todas ellas quedaban eclipsadas ante su belleza. Los griegos veían en su juventud la perfección y en ocasiones se hace referencia a ella sencillamente como Kore, "doncella". Un día estaba recogiendo flores, cuando los caballos negros de Hades, dios del averno, aparecieron de súbito de la tierra tirando de un carro en el que iba el propio Hades. Había decidido que Perséfone fuera su reina. Sin mediar palabra, tiró de ella y la hizo subir al carro, y atizó a los caballos para que se internaran de nuevo a toda velocidad en el mundo de los muertos. Ciertos autores afirman que Hades había sido herido por las flechas de Eros, hijo de la dorada Afrodita, con el fin de someter a todos los dioses del Olimpo al control de ambos.

Nadie supo decirle a Deméter adónde había ido a parar su hija; es decir, nadie estaba dispuesto a hacerlo. El omnipresente Zeus sabía perfectamente lo que había ocurrido, pero aunque Perséfone era su hija, no hizo nada por ayudarla. Zeus no quería ofender a su hermano, que para entonces ya estaba lo bastante furioso con él. Hades siempre estuvo resentido con el reparto del mundo que se había llevado a cabo entre los tres hermanos, Zeus, Posidón y él mismo, tras el derrocamiento de Crono. Posidón disfrutaba del reino de los mares y Zeus era el señor de todo el mundo, pero Hades tenía que vivir en el mundo subterráneo y sus súbditos eran los muertos. Si Zeus ordenaba que Perséfone fuera devuelta a su dolida madre, el resentimiento de Hades se tornaría en una furia incontrolable.
Author: Xabi Otero
•9:34 AM
Selene era hija de los titanes Hiperión y Tía, y era la diosa de la luna. En ocasiones se la identifica con Ártemis, la cazadora virgen y hermana del dios del sol, Apolo. Pero, a diferencia de Ártemis, Selene disfrutaba visiblemente de la compañía de los hombres y no era virgen. Una noche miró hacia abajo y vio a un joven muy apuesto durmiendo en una cueva.

Era Endimión, hijo de Zeus y de la ninfa Cálice, y Selene lo adoptó como amante. Se dice que tuvieron 50 hijos, un dato que sugiere que él vivió muchos años en su compañía, pero también se dice que él yace sumido en un sueño perpetuo y que jamás envejece, que conserva la belleza del joven del que ella se enamoró a primera vista. ¿Era su sueño un castigo, impuesto por el rey de los dioses, Zeus, debido a que la belleza del mortal podría haber tentado a su esposa Hera, o bien se trataba de una ofrenda de Selene, quien deseaba mantenerlo eternamente joven y hermoso? ¿Fue Endimión quien pidió vivir sumido en ese sueño atemporal para evitar la vejez, o bien fue el método por el que optó la diosa para impedirle hacer el amor de forma apasionada? Después de dar a luz a 50 hijos, tal vez sencillamente se sintiera demasiado cansada para seguir quedándose encinta de forma indefinida.

Sea cual sea la verdad, se dice que Endimión sigue sumido en un plácido sueño, acariciado por la dulce luz de la luna.
Author: Xabi Otero
•12:23 AM
Eos, hija de los titanes Hiperión y Tía, era la diosa del amanecer. Los poetas alababan sus dedos rosados porque coloreaban el cielo y los disponían para que el carro del dios del sol emergiera en su camino diario. Eos dio a luz a los cuatro vientos: al Viento del Norte, Bóreas, al Viento del Este, Euro, al Viento del Oeste, Céfiro, y al Viento del Sur, Noto. El padre de todos ellos era Astreo (cuyo nombre en griego significa "estrellado").

Todas las mañanas, Eos bajaba la mirada al mundo de los mortales y se fijaba especialmente en los jóvenes más apuestos. Su primer amante fue Ares, pero la diosa Afrodita se sintió muy celosa porque lo consideraba suyo, y castigó a Eos con un apetito insaciable de hombres jóvenes. Entre ellos, Eos vio y deseó a Clitio y se lo llevó a su palacio para pasar un rato con él. Clitio disfrutó de la compañía de la diosa, pero Céfalo tuvo menos suerte. Era hijo de Hermes y Herse, y estaba felizmente desposado con la princesa de Atenas, Procris. Céfalo se encontraba ausente, de caza, cuando Eos reparó en él y empezó a anhelar su amor. Le dijo que su esposa le era infiel y, para demostrar que lo que decía era cierto, lo envió disfrazado donde estaba Procris, para tentarla con suculentos regalos.Procris accedió pronta a compartir su lecho con el extraño, momento en el que Céfalo se mostró en su verdadera identidad. Procris huyó a Creta, avergonzada, y Ártemis la aceptó como dama de compañía en la caza, aunque obviamente no era virgen. La diosa incluso le entregó una lanza que siempre acertaba en el objetivo y también un perro que corría raudo como el viento. El esposo de Procris fue amante de Eos durante un tiempo, pero acabó regresando al mundo de los mortales.

Céfalo se encontraba cazando una vez más cuando conoció a una extraña mujer. Era su esposa, Procris, pero no la reconoció. Vio que su perro corría raudo como el viento y que tenía una lanza que acertaba en el objetivo siempre que la lanzaba, y deseó poseer ambos. Céfalo le ofreció a la mujer yacer con ella si a cambio le regalaba el perro y la lanza. Procris se echó a reír y le confesó quién era. Céfalo, abochornado, se ruborizó y le suplicó perdón. "Perdonémonos mutuamente -repuso ella-, puesto que cada uno de nosotros ha traicionado al otro de igual modo". Céfalo y Procris se reconciliaron y convivieron felices un tiempo.

Pero Procris era una mujer celosa y cuando supo que su esposo gritaba "Aura" cuando salía a cazar, interpretó que invocaba a alguna ninfa para yacer con ella. Sin embargo, lo único que él hacía era invocar a la brisa, aura en griego, para que le refrescara. Procris se escondió entre los arbustos para sorprender a su esposo con las manos en la masa y en el momento en que Céfalo pasó corriendo por su lado con sus sabuesos, ella hizo ruido con el follaje. Él creyó que se trataba de algún animal salvaje allí oculto y arrojó la lanza que nunca erraba el blanco. En esa ocasión, atravesó el corazón de Procris. Céfalo había matado a su esposa con su propia lanza.

Hay quien afirma que ésta fue la venganza de Ártemis contra ambos por trocar sus regalos a fin de comprar favores sexuales.

Titono fue otro de los amantes de Eos. Era joven y apuesto, y Eos estaba tan prendada de él que pidió a Zeus que le concediera la inmortalidad. Zeus accedió, pero, a medida que transcurrían los años, el amante inmortal de Eos empezó a mostrarse envejecido, menos lozano y enérgico, y más delgado y frágil. La diosa había olvidado pedirle a Zeus que concediera a su amado Titono la eterna juventud. Le suplicó que se la devolviera, pero la única concesión que recibió a cambio fue transformar al anciano en una cigarra. Era un concesión burlona, puesto que las cigarras renuevan su cuerpo todos los años al mudar su piel. Titono podía entonces renovar indefinidamente su forma de cigarra, pero jamás podría desprenderse de su edad humana para recuperar la juventud.
Author: Xabi Otero
•10:41 PM
Ártemis era una diosa virgen que no disfrutaba con la compañía de los hombres. Ella y sus muchas acompañantes vírgenes, ninfas de los árboles, las montañas y los arroyos, vivían juntas en los bosques, y su deporte predilecto era la caza de animales salvajes. Cuando se sentían sofocadas y fatigadas por la caza, se refrescaban bañándose en una charca, en el valle de Gargafia.

Un día muy caluroso, un cazador se perdió en el bosque. Acteón era un príncipe, nieto de Cadmo, fundador de la ciudad de Tebas, pero su sangre real no disuadió a la diosa de vengarse cruelmente de él en cuanto éste se internó en Gargafia. Una de las ninfas de Ártemis la aseaba en las frescas aguas de la charca, mientras otra le recogía el pelo y una tercera esperaba en la orilla con el manto y las sandalias. El resto de las damas de compañía se bañaban para quitarse el polvo y la tierra que se les había adherido en la sesión de caza de la mañana. Todas ellas estaban desnudas, como la diosa.

Las ninfas chillaron, consternadas y furiosas, al descubrir que un hombre las observada en toda su desnudez. Ártemis se puso en pie, iracunda, mientras las ninfas se apresuraban a cubrirla con sus propios cuerpos. Habían dejado apartados su arco y sus felchas, para protegerlos de las salpicaduras del baño. En ese momento la diosa anhelaba tenerlos en las manos para matar al intruso de inmediato.

Sin embargo, los dioses disponían de otros métodos para castigar a los seres humanos. Ártemis tomó agua entre las manos y la arrojó a la cabeza y al cabello de Acteón, al tiempo que decía: "Ahora, ve y cuéntale al mundo, si acaso puedes, qué se siente al ver a la diosa de la caza sin ropa." El agua le cayó en la frente, donde empezaron a brotarle sendos cuernos. El cazador cayó al suelo con los brazos extendidos para amortiguar la caída; pero, en lugar de manos humanas, lo que topó contra la tierra fueron unas pequeñas y afiladas pezuñas. Al mismo tiempo, sus brazos empezaron a transformarse en patas largas y delgadas, semejantes a sus nuevas extremidades inferiores. Se había convertido en un venado.

Como hombre, Acteón se había sentido atemmorizado por la diosa y sus ninfas, pero como venado todo le aterraba.Echó a correr, llorando, sin saber adónde dirigirse para pedir ayuda. De pronto, oyó gañidos de sabuesos. Sus propios perros habían percibido el olor que desprendía y se precipitaban ansiosos hacia él. "Melampus - intentó gritar -. Ichnobates, Dromas, Laelaps... Soy vuestro amo, Acteón". Pero no consiguió articular palabra. Los perros se abalanzaron sobre él, lo derribaron y empezaron a desgarrarle la carne. Algunos miraron a su alrededor, sorprendidos de que su amo no estuviera con ellos azuzándolos. Entonces aparecieron los amigos de Acteón, gritando su nombre e invitándole a sumarse a ellos, mientras él yacía a sus pies, desangrándose. Nadie cayó en la cuenta, hasta que fue demasiado tarde, de que aquela magnífico venado cuyas astas se llevaban a casa como trofeo era su amigo y líder, el príncipe de Tebas.
Author: Xabi Otero
•8:39 PM
Al igual que otros dioses del Olimpo, Atenea no toleraba la menor insolencia por parte de los seres humanos. De todos los dioses, ella era quien más valoraba y fomentaba la inteligencia humana, pero cuando su alumna Aracne empezó a alardear de que las manos de Atenea no eran más hábiles que las suyas tejiendo, la diosa apenas dio crédito a lo que oía. Atenea fue a ver a Aracne disfrazada de anciana y la incitó a hablarle de su destreza para tejer, con la única intención de descubrir el alcance de la presunción de la joven. Ésta aseguró haber sido autodidacta en todos los trucos del oficio y alardeó una vez más de ser capaz de vencer a Atenea en una competición. Atenea se quitó el disfraz y se mostró entonces domo diosa, pero Aracne no se disculpó ni admitió haber dicho nada que fuera mentira. Por el contrario, se sentó al telar, cogió la lanzadera y se dispuso a tejer historias de dioses y mortales.

Atenea hizo lo propio. Su telar ilustraba la historia de la competición que había mantenido con Posidón para decidir quién sería el dios de una ciudad griega que hasta el momento carecía de nombre. Atenea retrató a los habitantes de su ciudad anónima congregados en la ciudadela, contemplando lo que ambos dioses les ofrecían y decidiendo por cuál de ellos votarían. Para ganarse el favor de sus súbditos, Atenea había dado vida al primer olivo en la ciudad, mientras que Posidón les había otorgado un milagroso manantial, al que había ubicado en las alturas rocosas de su acrópolis. Todos los hombres miraban con interés el agua y reconocían lo útil que sería en épocas de sequía, y todas las mujeres alababan al olivo, sabiendo de las múltiples aplicaciones domésticas que tendría. Tal y como había sucedido en el concurso real, en el dibujo de la tela las mujeres superaban por uno el número de hombres. Atenea no se molestó en tejer su victoria, puesto que todo el mundo sabía que había ganado por un voto y que la ciudad se llamó Atenas en su honor.

Aracne estaba demasiado arrebatada por el orgullo y la insolencia para tener en consideración la advertencia implícita en el telar de la diosa: la demostración de que Atenea siempre gana. Lo interpretó más como un desafío que como una amenaza, y respondió tejiendo las numerosas historias de engaños de los dioses y mostrando cómo cambiaban de forma para seducir a las mujeres mortales.

Cuando los tapices estuvieron terminados, nadie conseguía decidir cuál de los dos era el mejor. Atenea destrozó el telar de la joven y empezó a golpearla con la lanzadera de madera. Desesperada, Aracne agarró una cuerda y se la anudó alrededor del cuello; luego buscó con la mirada alguna viga en el techo desde la cual colgarse. "Cuélgate si así lo deseas -le dijo Atenea-; no conseguirás morir así, ni tampoco tus hijos, ni los hijos de tus hijos. Sufrirás por tu insolente locura el resto de tu vida." Golpeó una vez más a Aracne, y entonces el cuerpo de la joven empezó a menguar y menguar hasta que su cabeza pareció estar a punto de desaparecer. Sin orejas, ni pelo, ni nariz..., tan sólo con estómago y patas, Aracne se transformó en una araña, y todavía hoy puede verse a sus muchos descendientes de ocho patas en los rincones de los techos, tejiendo sus intrincadas telarañas con el más fino de los hilos.
Author: Xabi Otero
•3:57 PM
Algunas de las ninfas de la mitología griega son dríadas que pertenecen a un árbol en particular, y viven y mueren según la longevidad del mismo. Otras son oréadas, ninfas de las montañas, y también existen las níadas, ninfas de los ríos, los arroyos y las charcas. Las níadas disfrutan de todo su potencial cuando viven cerca del agua. Salmacis era una níada, y apreciaba tanto su charca que prefirió estar cerca de ella a sumarse a las demás ninfas acompañantes de Ártemis en la caza.

Hermafrodito era hijo de Afrodita y Hermes y su nombre se deriva de la combinación de los de sus padres, mientras que su atractiva apariencia era herencia de su madre. Hermes era un gran viajero y también lo fue su hijo. Un día, en uno de sus viajes, Hermafrodito conoció a Salmacis junto a su charca. Al verle, ella no pudo contenerse de decir:

- ¿Eres mortal o dios? Sin duda, debes de ser Eros, el hijo de Afrodita, y has bajado a la Tierra para dispararme una de tus flechas doradas. Estoy tan profundamente herida de amor que te ruego que me hagas tu esposa o, si ya estás desposado, me aceptes como amante.

Hermafrodito se quedó estupefacto. Era hijo de Afrodita, pero no sabía nada del deseo pasional, y ni mucho menos quería desposarse con aquella ninfa. Ella le abrazó con fuerza y, sin pensarlo dos veces, él se zafó torpemente de sus brazos. Ella intentó besarle y él retrocedió.

- ¡Márchate! -gritó él-. ¿O acaso tendré que marcharme yo?

Salmacis fingió marcharse, pero era incapaz de alejarse de él. Se escondió tras un arbusto y observó cómo Hermafrodito se sentaba en el suelo para descansar. Entonces él decidió darse un baño en la charca, pues era un día caluroso. Se quitó la ropa y Salmacis sintió que el deseo se encendía en su interior al contemplar su cuerpo desnudo. En cuanto él se sumergió en el agua, ella gritó:

- ¡Es mío!

Y saltó tras él. Lo abrazó, lo besó, se aferró a él, presionó su cuerpo... No le dejaba ir.

- Quedémonos juntos para siempre -suplicó Salmacis.

Y los dioses atendieron sus ruegos. Los dos cuerpos, tan fuertemente entrelazados, empezaron a disolverse en un solo ser, ni del todo macho ni del todo hembra. Lo que salió de la charca de Salmacis no era un hombre ni una mujer, sino el primer hermafrodita.
Author: Xabi Otero
•9:42 PM
El planeta Marte debe su nombre al dios romano de la guerra, Marte, el equivalente al dios griego Ares. El nombre del dios pervive en nuestro idioma no sólo en la denominación del planeta sino también en la terminología bélica, con el concepto de "marcial". El color rojizo del planeta enseguida se asoció a la sangre derramada en la batalla. Los astrónomos han bautizado a las dos pequeñas lunas de Marte con los nombres de los hijos que Afrodita le dio a Ares: Fobos y Deimo. Ares no gozaba del aprecio general de los dioses del Olimpo, pero el planeta Marte presume de tener un monte Olimpo propio, el volcán más grande encontrado en el sistema solar.
Author: Xabi Otero
•3:40 PM
La historia de Afrodita y Adonis empieza mal, con una hija enfervorecida de deseo sexual hacia su propio padre. Bien podría haber sido Afrodita quien inspiró a la princesa Mirra la pasión que sentía por su padre, el rey Cíniras del reino árabe de Pancaya. Mirra luchó contra todos sus sentimientos, pues sabía que el incesto estaba prohibido, y temía a las Erinias, las Furias que salen del mundo subterráneo para atormentar a los culpables. Pero en una ocasión, aprovechando que su madre, Cencrias, tuvo que ausentarse para celebrar los nueve días de festividad en honor de Deméter, Mirra cedió al deseo y visitó el dormitorio de su padre a oscuras, fingiendo ser una sirvienta que se había enamorado de él. Quedó en estado aquella misma noche, pero siguió acudiendo a su lecho noche tras noche, hasta que él sintió curiosidad por verla. Acercó una lámpara y, horrorizado, descubrió que la mujer que yacía junto a él era su hija.

Cíniras se sintió tan consternado y asqueado que desenvaión la espada, dispuesto a matarla. Mirra huyó en la oscuridad, salió del palacio y vagabundeó por Arabia como fugitiva. Se escondió durante nueve meses, mientras su vientre seguía creciendo. Y entonces empezó a orar, sin saber qué dios la escucharía. "Si existe algún dios que se ocupa de aquellos en verdad arrepentidos, le suplico que me escuche. Merezco el castigo, y sé que corrompo el mundo de los hombres y las mujeres mortales con mi mera existencia. Si desciendo al mundo subterráneo, corromperé al mundo de los muertos. Te suplico que me cambies y me conviertas en algo diferente a un ser humano ni vivo ni muerto, de modo que no pueda corromper nada, y haz que el castigo sólo me afecte a mí y no al bebé que llevo en el vientre, que no ha hecho ningún mal".

La diosa Gea, la pródiga Madre Tierra, oyó sus súplicas y se apresuró a anclar los pies de Mirra al suelo. Sus dedos se convirtieron en largas raíces que surcaron las profundidades de aquella oscura tierra para sustentar su cuerpo, que progresivamente se alargó y se transformó en el tronco de un alto árbol. La suave piel de la joven se endureció y se transformó en corteza, y toda su carne humana se tornó en árbol, pero la muchacha aún fue capaza de derramar lágrimas de aromática savia. Así es como la mirra apareció en el mundo.

El hijo de Mirra, Adonis, nació del tronco del árbol de la mirra. Creció y se convirtió en el más atractivo de los hombres, y la propia Afrodita se sintió abrumada de deseo hacia él. Anhelaba con desespero su compañía, y se alteraba cuando estaban separados, aunque sólo fuera un momento. A Adonis le gustaba cazar y, para complacerle, Afrodita también se instruyó en la caza, pero ella prefería buscar criaturas de tamaño reducido, que no tuvieran colmillos afilados ni púas ni garras. Suplicó a Adonis que no corriera riesgo alguno, que se quedara con ella y disfrutara de su amor, en lugar de malgastar el tiempo cazando animales salvajes como jabalíes, leones u osos.

Adonis parecía escucharla y estar de acuerdo, y ella se sintió lo bastante segura para dejarle partir sólo por un día mientras ella viajaba a su amada isla, Chipre. En cuanto su carro partió hacia el cielo, tirado por una bandad de cisnes, él cogió la lanza y llevó a los sabuesos de caza. No tenía intención alguna de salir en busca de un jabalí salvaje, pero cuando los perros detectaron el rastro de uno, no se retiró. Arrojó la lanza e hirió al jabalí en un costado. Sin embargo, la herida no era profunda y el jabalí enseguida se zafó de la lanza. Adonis se había quedado desarmado; el jabalí corrió hacia él y, en el envite, le clavó los colmillos en la ingle. Adonis cayó al suelo, agonizante.

Afrodita oyó gritar a Adonis y miró hacia abajo desde el cielo. Le vio, tendido y desangrándose. Ella lloró y se tiró del cabello, pero no consiguió convencer a las Parcas de que impidieran su muerte. Se arrodilló junto a él y palpó la tierra anegada de su sangre. "Te recordaré, Adonis -dijo-, y también el resto del mundo te recordará. De tu sangre nacerá una flor que brotará con la primavera y tendrá una corta vida". La sangre de Adonis se transformó en una anémona, flor que, en cuanto brota, pierde sus pétalos al viento.
Author: Xabi Otero
•12:02 PM
El cinturón de Afrodita, una banda dorada que llevaba alrededor de la cintura, era en realidad el arma que la diosa empleaba contra los dioses y los mortales. Se lo entregaba a algún hombre, alguna mujer o alguna ninfa inmortal cuando planeaba subyugar a un dios o a un mortal mediante el deseo sexual. En cuanto la víctima posaba la mirada en quien llevara puesto el cinturón, se sentía totalmente arrebatado por el deseo, y era incapaz de controlarse ni de sopesar las consecuencias de su pasión. Afrodita, la diosa dorada del deseo, fue causante de numerosas guerras.

Llegó a dominar incluso la mente de Zeus despertando su deseo sexual en tantas ocasiones que finalmente él decidió pagarle con la misma moneda, es decir, utilizar su misma artimaña. Así, hizo que se enamorara perdidamente de un mortal, Anquises, rey de los dárdanos. El encantamiento de Zeus duró sólo una noche, y a la mañana siguiente Afrodita obligó a Anquises a prometer que jamás le diría a nadie que había compartido su cama con ella.

Anquises se sintió aterrado al caer en la cuenta de que había yacido con una diosa, pues conocía todas las historias de mortales que habían sido asesinados por acercarse en exceso a algún dios. Afrodita le aseguró que nunca le haría daño; al fin y al cabo, según le dijo, estaba ya embarazada de un hijo suyo, Eneas. Anquises pronto olvidó tanto el terror como la promesa. Pocos días después se reunió con sus amigos; bebieron y hablaron de mujeres, como suelen hacer los hombres cuando beben.

- ¿Veis a aquella joven que sirve vino? -preguntó uno de ellos-. Antes me acostaría con ella que con la dorada Afrodita. ¿No opinas lo mismo Anquises?

Anquises fue lo bastante prudente para no ofender a la diosa conviniendo con su amigo, pero no pudo contener el impulso de decir que podía escoger entre las dos mujeres con conocimiento de causa, puesto que había yacido con ambas. Zeus oyó aquella fanfarronadae inmediatamente lanzó un rayo contra Anquises, pero Afrodita alzó su banda dorada para protegerle. Éste no murió a consecuencia del ataque, pero se quedó paralizado y tuvo que guardar cama el resto de su vida, sin la compañía de ninguna bella diosa para consolarle.
Author: Xabi Otero
•4:42 PM
Afrotida, diosa del deseo sexual, nació de la espuma del mar. Salió de una concha y pisó tierra por vez primera en Chipre o bien en la isla de Cítera. En ocasiones se la veneraba como diosa del cariño formal y de la comunidad, al igual que Hestia, diosa del hogar, o Hera, diosa del matrimonio. Pero el amor que Afrodita inspiraba era, en su mayor parte, apremiante y desenfrenado, y trascendía a la razón y al sentido común. Era la diosa del encaprichamiento y de la obsesión sexual, del deseo que conduce a sacrificarlo todo por conseguir ser amado. Sin embargo, como diosa nacida del mar, los marineros la veneraban y le pedían encontrar aguas calmas y regresar sanos y salvos de sus travesías. Al igual que la mayoría de los dioses del Olimpo, Afrodita era un suma de opuestos, pero los mitos más conocidos de esta diosa se centran en la pasión incontenible.

El dios de la guerra, Ares, era hijo de Zeus y Hera. Era habitual encontrarle en su hábitat natural: el campo de batalla. No eran muchos los dioses del Olimpo que disfrutaban de su compañía, pues tenía un temperamento feroz y creía en la violencia como la solución apropiada a casi todos los problemas. No obstante, Afrodita no sólo disfrutaba de su compañía, sino que además compartió con él un apasionado idilio. Afrodita era tan capaz como Ares de dejarse arrebatar por sus pasiones, a escondidas de su esposo Hefesto. La diosa incluso convenció a su marido de que era el padre de sus cuatro hijos: Fobo (nombre que significa "miedo" en griego), Deimo ("terror"), Eros, dios del amor, y Harmonía, diosa de la concordia. Sin embargo, todos eran hijos de su amante, Ares.

Un día, Afrodita fue al palacio de Ares y yació en su lecho demasiado tiempo, tanto que por la mañana el dios del sol los sorprendió juntos. Éste se apresuró a referirle a Hefesto lo que acababa de ver, quien, pese a ser parco en palabras, enfureció de tal modo ante la noticia que dio a conocer a todos los dioses del Olimpo su intención de vengarse. Pasó toda esa jornada martilleando una malla de bronce hasta dejarla lo bastante fina para poder inmovilizar a cualquier presa pero seguir siendo irrompible. Cuando Afrodita regresó al palacio que compartía con Hefesto, éste mintió y le dijo que partía hacia la isla de Lemnos, cuando en realidad no fue más allá de los establos del palacio. Allí se escondió, mientras Afrodita se apresuraba a avisar a su amante de que podía pasar con ella la noche en su lecho nupcial sin correr ningún riesgo. Ares llegó y, en cuanto se tendió junto a la diosa, la malla de bronce cayó sobre ambos. Patalearon y se contorsionaron, pero, por mucho que lo intentaron, no consiguieron zafarse de la trampa.

Hefesto convocó a los demás disoes para que se personaran en su cámara nupcial y vieran los espléndidos peces que había atrapado en su nueva red. Las diosas permanecieron a un lado, pero alrededor del lecho se arracimaron, entre carcajadas, los dioses. Lejos de compadecerse del esposo traicionado, no se cansaron de repetirle a Ares lo afortunado que era y de ofrecerle a cambiarse por él. Al final, Posidón convenció a Hefesto para que dejara libres a los amantes. Ares se encaminó orgulloso hacia su última guera, pero Afrodita se exilió a la isla de Pafos hasta que su esposo la perdonó.
Author: Xabi Otero
•11:43 AM
La Bella y la Bestia

Este cuento está fuertemente influenciado por el mito de Eros y Psique. Ambas son historias de amor puesto a prueba por terceros. Ni la Bella ni Psique superaron en un principio la prueba, ya que la Bella no aprender a amar a la Bestia hasta que éste yace agonizante, mientras que Psique cree las palabras de sus hermanas, según la cual su esposo es un monstruo asesino. Sin embargo, mientras que la Bella se enfrenta a una Bestia real, sólo en la imaginación de Psique Eros es de todo menos el dios más deseable con forma de hombre. En el cuento, tanto la Bella como la Bestia tienen algo que aprender antes de poder amarse mutua y plenamente. En el mito, es Psique quien debe sufrir innumerables experiencias terribles, pero no Eros, quien se las arregla para permanecer oculto en el hogar materno mientras su amada sufre en extremo. Tal vez esto ayuda a explicar por qué a Eros se le representa tan a menudo como un niño que nunca crece.

La otra mitad

El filósofo Platón explicó la naturaleza del amor narrando un mito sobre los primeros seres humanos, que eran criaturas circulares, y tenían dos rostros en un solo cuello, cuatro piernas y cuatro brazos. Se trasladaban rotando por el suelo.

Zeus se enojó con los primeros humanos cuando éstos desafiaron la ley de los dioses y dividió a cada uno de ellos en dos mitades, dejando así a la humanidad con sólo un rostro, dos brazos y dos piernas. Zeus los amenazó diciéndoles que si volvían a ocasionar problemas, los partiría nuevamente en dos. Entonces, con una pierna y un brazo, limitados a ir saltando a todas partes, los hombres aprenderían por fin a tratar a los dioses con el debido respeto.

Según este mito todos somos la mitad de un todo perdido, y todos anhelamos y buscamos la mitad que nos falta. El amor, según esta historia, es el deseo de encontrar la totalidad.
Author: Xabi Otero
•7:36 PM
Afrodita estaba aún más iracunda. Sin duda todos los dioses conspiraban contra ella para frustrarla, pero aun así maquinó un trabajo que llevaría a Psique directa a la muerte, sin importar quién intentara ayudarla. La norma del mundo subterráneo, para los griegos y también para los pueblos de Mesopotamia, era que todo ser vivo podía acceder a él pero no regresar. Ordenó a Psique descender al mundo subterráneo para visitar a su reina, Perséfone, y pedirle que entregara a Afrodita parte de su belleza.

Una vez más, Psique pensó en suicidarse, pues ése sería el camino más rápido al mundo subterráneo, no veía la menor posibilidad de bajar allí y regresar con vida. Empezó a subir los peldaños de una alta torre, preparándose para saltar y morir, cuando la torre le habló. "Psique, no desesperes tan pronto. Puedes bajar al mundo subterráneo con vida y regresar con vida, si haces lo que voy a decirte. Debes llevar contigo dos pasteles de cebada y dos monedas, pues Caronte, el barquero del río Estigia, no cruza a nadie sin cobrarle, y el perro de tres cabezas, Cerbero, despedazaría a cualquiera que intentara pasar sin darle de comer. Debes hacer caso omiso de todo aquel que te pida ayuda; comer sólo pan y beber sólo agua, y sentarte siempre en el suelo, incluso si se te ofrece un trono donde hacerlo. Si observas todas estas advertencias, Perséfone te entregará la caja de la belleza y tú podrás regresar al mundo de los vivos, dándole al Cerbero el segundo pastel de cebada y a Caronte la segunda moneda. Recuerda que no debes abrir la caja; no es sensato desvelar los secretos del mundo subterráneo."

Psique corrió por el camino que llevaba al mundo subterráneo y pronto encontró a Caronte con su barca. En el trayecto, un hombre trataba, con grandes dificultades, de cargar madera en un burro, y pidió a Psique que le ayudara a hacerlo para no correr tanto riesgo, pero ella recordó el consejo de la torre y pasó de largo.

Mientras cruzaba el río Estigia con Caronte, vio a un anciano ahogándose y oyó cómo éste le pedía ayuda, pero ella permaneció sentada en la barca y no hizo nada por ayudarle. Seguía avanzando y Afrodita no dejaba de enviarle más y más víctimas desvalidas para tentarla, pero incluso viendo morir niños recordó que no debía hacer ningún caso. Sólo eran fantasmas enviados por la diosa para engañarla y hacer que perdiera los pasteles de cebada que llevaba en las manos. Psique vio al fin a Cerbero, apostado en mitad del camino y gruñendo con las tres bocas que tenía, y ella le arrojó uno de los pasteles. Ya estaba cerca del palacio de Perséfone y Hades, y la diosa la esperaba para entregarle la caja de la belleza.

Sin embargo, aún quedaba otra prueba. La torre le había advertido que no abriera la caja, pero mientras regresaba al mundo de los vivos, le daba a Cerbero el segundo pastel y pagaba a Caronte la segunda moneda, no dejaba de imaginarse con Eros nuevamente, y anheló tomar un poquito de belleza de Perséfone para sí. Abrió la caja y descubrió que estaba vacía, a excepción del aire del mundo subterráneo. Al inspirar profundamente, cayó al suelo y quedó agonizante.

Justo a tiempo, Eros voló hasta ella y extrajo de su cuerpo el aire letal. La herida del hombro había sanado y estaba preparado para desafiar a su madre y asegurarse de que Psique se convertía en diosa, y su futuro bebé, en dios. Llevó a Psique al Olimpo, donde Zeus le ofreció ambrosía, el exquisito manjar de los dioses que torna inmortal a quien lo ingiere. Al igual que su esposo, Psique tuvo alas, si bien las suyas eran alas de mariposa y no las emplumadas de Eros.

Tal y como una oruga abandona su vida en la tierra para revivir después en el aire en forma de mariposa, del mismo modo Psique abandonó su vida de princesa entre los seres humanos y se convirtió en una de las diosas del Olimpo.