Author: Xabi Otero
•12:50 PM
Curoi, el perro del rey, es dios de los difuntos en el panteón de los tuatha de Dannan (las tribus de la diosa Dana). Es el rey de las tierras protegidas por las Tres Compuertas de los pantanos de Fría Luna, las de los Pantanos de la llanura de Berg, por el Mounstruo del lago y por los tres hijos de Música dotados de un gran puño...

Ocho barreras protegían sus tierras, vigiladas por diez guardianes. El acceso era imposible porque, además, una empalizada lo rodeaba todo. Reforzando sus ya eficaces defensas, un muro de piedra cerraba por completo el acceso, sobre todo porque estaba dotado de siete aterradoras cabezas.

Todos estos misterios de esta numerología son simbólicos. Para penetrarlos conviene impregnarse por completo de la mitología y las creencias celtas. Descubrimos entonces que las cifras habituales en las epopeyas de los dioses y héroes no son fruto del azar, sino que revelan la sutileza de una sabia cosmogonía.

Como Merlín hizo con Morgana, Curoi reveló un día los secretos de su alma a su esposa, Blathnat. Afirmaba entonces que su alma estaba oculta en el corazón de una manzana (el fruto inevitable), que sólo podía cortarse con la espada real. Pero la manzana en cuestión estaba en el estómago de un salmón (símbolo del conocimiento), al que sólo se podía hallar cada siete años (ritmo de los cambios del ser humano), en un río del monte Slieve Mis.

El héroe Cuchulainn, amante de Blathnat, tomó posesión de esta fabuloso secreto al cabo de siete años. Con ayuda de la reina, agarró por la cintura a Curoi, cortó la manzana y lo decapitó. Fue un fin poco glorioso para este poderoso rey que sólo tuvo un fallo: el de confiar en su esposa.
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